A dónde va Fausto?

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En días pasados Michoacán presenció una de las más cerradas y polémicas elecciones en los últimos años en nuestro país. Seguro, no les fue fácil a los michoacanos, sin embargo ahora sí, viene lo complicado.

Haciendo una recapitulación, las elecciones en ese estado fueron muy relevantes por distintos factores que resumo a continuación. En primer lugar, el Partido de la Revolución Democrática pierde una de sus tres gubernaturas en el país, lo cual no puede dejar de interpretarse como un golpe a su estructura meses antes de la elección presidencial en 2012. Por otro lado, la ex-candidata del PAN y hermana del presidente, Luisa María Calderón pierde, en lo que pareció ser, la mayor apuesta del gobierno federal para las elecciones de este año, lo cual resultó ser insuficiente. Después de que el domingo de la elección los tres candidatos se declaran ganadores, llega una serie de ataques que luego se van disolviendo entre el conteo y las resoluciones del TRIFE. En Michoacán ganó el PRI de la mano de Fausto Vallejo, con una campaña que hacia afuera se mostró intensa pero a la vez mesurada y que le permitió, al menos, mantener una ventaja con la que desde el principio contó el entonces candidato.

El resultado de las votaciones fue muy importante: 35.44% PRI, 32.63% PAN, 28.81% PRD. Éstos, animan a la discusión sobre las consecuencias de una elección cerrada, las cuales ya se han presentado a nivel federal y, de igual manera, en otras regiones del país como Nuevo León y Veracruz.

Es evidente que para el gobernador de Nuevo León, Rodrigo Medina, no ha sido fácil la tarea de convencer a los nuevoleoneses respecto a sus acciones de gobierno y parte de eso, podría ser producto de una elección cerrada como antecedente. Cabe recordar que sólo tres años después de que ganara Fox en el año 2000, dando paso a la alternancia en la presidencia de la república, se da la alternancia también en el gobierno estatal de Nuevo León pero a la inversa. Así, el PAN deja de ser gobierno y gana Natividad González Parás del PRI con un porcentaje de más del 55%. Esto último contribuye a la reconstrucción de un gobierno estatal desde una postura claramente mayoritaria.

En las elecciones de 2009, aunque Rodrigo Medina gana con casi un 6% sobre su más cercano competidor, en realidad se da una elección de mitades, que a juicio propio, resultó ser el principio de un movimiento hacia la polarización. Por el contexto histórico del PAN, es esperable que durante sus años en el gobierno y dos sexenios de oposición, hayan creado la suficiente estructura para golpear, lo que los hace hoy muy enérgicos en el impulso de sus movimientos como opositores al PRI del estado, logrando replicar sus mensajes poco a poco entre la población. Además, debido a las diferentes crisis que se han experimentado recientemente, resulta evidente que las labores de los panistas de esa región se han facilitado. Cualquier detalle en contra es maximizado y el mayor esfuerzo del gobierno es repudiado, lo que provoca una tensión tan grave, que trasladan ese sentimiento de derrota hacia los ciudadanos. Definitivamente será bueno para los partidos de oposición pero no para el estado y sus gobernados.

En las últimas de Veracruz, pasa algo similar. En 2010 Javier Duarte logra que el PRI repita en el estado pero lo hace por poco más del 3% y en medio de discusiones y enfrentamientos, recibe su constancia de mayoría. Hoy, es posible ver desde fuera cómo la popularidad del gobernador no está en su mejor momento y quizá no le vaya a favorecer en los días siguientes. No si antes no viene de su equipo una gran estrategia de renovación que logre invertir las energías en su contra y que, desde su posición, formule planes de contingencia para todas las crisis que le pudieran llegar, por que los movimientos de oposición le estarán buscando cualquier mínimo gesto pues buscarán no sólo polarizar, sino ganar terreno para lo que venga.

Fausto Vallejo llega a Michoacán triunfante, sí, pero en condiciones no muy distintas a las de estos dos casos que propongo. Deberá tomar en cuenta que más del 60% de la población no le otorgó el voto. Tendrá que sentarse con su equipo a formular una gran campaña de identificación de los gobernados, con un nuevo gobierno y asegurarse de que estos noten la diferencia. Es muy importante que sepa que los ataques de campaña no acabaron ahí y que predeciblemente le serán más enérgicos toda vez que ocupe su cargo. Acciones como entender al electorado y propiciar la “reconciliación” tendrán que venir acompañadas de un eficiente esquema de prevención y de resolución de crisis, además de un poderoso organismo especializado en comunicación (tanto interna, como externa) para que la gente esté convencida de que su voto por un cambio sí valió la pena.