Un Facebook para adultos, o adultos para Facebook

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En Facebook, las brechas generacionales más amplias logran mezclarse en un mismo espacio de libre expresión. ¿Qué tan peligroso es esto?

No es tan grave en teoría, porque afortunadamente el equipo de esta red social ha trabajado duro (–y, claro, para nada suficiente-) en las configuraciones de privacidad de los usuarios que incluye hasta ser prácticamente invisible a los demás. El problema llega cuando la gente que más necesita de configurar su privacidad, no lo hace.

En días anteriores, tuve la oportunidad de hablar con niños y adolescentes, de diferentes edades y me sorprendí de su afinidad por Facebook. En teoría, el sitio no permite que personas menores de 13 años se inscriban. Los niños y niñas que me dijeron que tenían Facebook iban de los 8 a 11 años y uno que otro de 12. Ninguno pasaba de 13.

Según estadísticas de onlineschools.org, sólo el 48% de los usuarios de Facebook están en el rango de edad de entre 18 y 34 años. Consumer Reports publicó en 2010 que al menos en Estados Unidos había unos 7.5 millones de usuarios menores a la edad mínima. Estas cifras preocupan porque se está tratando de la información pública de millones de personas que, sin saberlo, comparten más información de la que deberían y no sólo eso, a veces sí lo saben pero no están conscientes del grave error que cometen. Aunque sean muy importantes las configuraciones de privacidad,  personalmente creo que el problema más relevante es el uso indiscriminado e inocente de este tipo de tecnologías.

Algo similar pasa con los adultos. Hombres y mujeres en rangos de edad que van por encima de los 34 años son también propensos a utilizar las redes sociales de manera irresponsable, específicamente en Facebook, y algunos no lo saben. Esto puede suceder porque la generación a la que pertenecen quizá no esté tan enraizada en estos temas y tecnologías. Quiero decir que el grueso de las personas mayores a 34 años no nació o se educó frente a una computadora personal y pudiera darse el caso que no gocen de plena madurez tecnológica* para asimilar los riesgos y responsabilidades de suscribirse a un sitio de Internet. Esto no significa que sea malo, ignorancia, ni mucho menos, sino simple cuestión generacional.

Y no es casualidad pues la realidad es que Facebook no fue diseñado para niños, adolescentes e incluso ni para adultos con edades superiores a la del grueso de la comunidad universitaria. Mark Zuckerberg, entonces estudiante de Harvard creó esta red social en el año 2004, de universitarios para universitarios. Años más tarde, por su popularidad y un claro modelo de negocios inclusivo, llegan más y más personas hasta lo que conocemos hoy. Una prueba concreta de este último punto es que yo, por ejemplo, un servidor, me registré en Facebook de la única manera que se podía en aquel momento, es decir, con una cuenta de correo que debía ser validada como universitaria. De entonces a acá, han cambiado muchas cosas.

Mi sugerencia no tiene nada que ver con mantenerse ajeno a Facebook pero sí con aprender a hacer consciencia sobre el uso responsable de ésta y otras plataformas de redes sociales por Internet. Concretamente y sabiendo que a la fecha cuenta con más de 750 millones de usuarios, creo que nuestra tarea puede ser al menos una de dos: o construir un Facebook para adultos, o construir adultos para Facebook. Lo ideal será convivir en redes sociales, y aprovecharlas al máximo, siempre y cuando uno (su familia o su carrera profesional) no muera en el intento.

Para terminar este texto, dejo unos puntos importantes que todos deberían de considerar, sobretodo los asiduos usuarios de Facebook:

  • Para nada es un sitio comunitario, Facebook es un negocio. La empresa californiana gana dinero de la publicidad que le aparece a los usuarios y ésta aparece dependiendo de la información que se tiene sobre ellos (edad, sexo, gustos, etc.). Y a mayor información, mayor negocio.
  • Existen procesos legales en contra de Facebook que evidencian que el sitio guarda la información (fotos, clics en “me gusta”, mensajes, chats y otros archivos) de un usuario, aún si éste los elimina.
  • Al darle clic en “me gusta” a cualquier página, tu nombre y perfil podrán aparecer en diferentes sitios web, como los sitios oficiales de las empresas. Lo mismo pasa con los enlaces (links) que compartes y otro tipo de noticias en línea.
  • Un estudio de Kaplan señala que al menos un 38% de usuarios adolescentes ignora las peticiones de amistad de sus padres. Por otro lado, más del 43% de los adolescentes encuestados declaró que tienen a sus padres como amigos pero que o no les dan acceso a su información a sus papás o está se la tienen muy restringida.

 

*Madurez tecnológica es una sugerencia propia para llamar una actitud difícil de medir pero que referencia a la relación que existe entre saber usar las tecnologías de información y además usarlas responsablemente respecto al uso cotidiano que las personas le dan a dichas tecnologías.

Empresas en las Redes Sociales

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Seguro has escuchado sobre la revolución que está dándose en Internet, las redes sociales y las nuevas formas de comunicar a través de ellas. A veces es tanto lo que escuchamos que es fácil confundir las funciones y ventajas de esas herramientas que pueden apantallar a más de uno. Esto sucede porque en ellas se ha encontrado un gran potencial para mercadear y tarde que temprano, toda persona, empresa u organización tendrá que pasar por ese tipo de medios.

Si bien es cierto que estar en línea, y particularmente en las redes sociales, conlleva muchas responsabilidades y riesgos que podrían ser costosísimos, éstos son necesarios en el sentido que las masas están cada vez más acostumbradas a este tipo de comunicación, así que la ausencia ahí será tan desafiante como pretender hacer negocios hoy día y no contar con un teléfono, email o una página web. Es una transición inevitable de la que, también es cierto, se podrán obtener beneficios considerables.

La realidad es que más allá de las desventajas, tener presencia en sitios como Facebook, Twitter, LinkedIn o YouTube y saberlos utilizar hará posible revertir las áreas de oportunidad de una empresa para luego obtener beneficios ilimitados a través de buenas prácticas. Las redes sociales por definición acercan a ambas partes y crean una relación tan próxima, que en el cliente formará una confianza tal que querrá comunicarse con la empresa como si ésta le fuera más cercana de cómo realmente es. Respuestas oportunas, honestas, claras e inteligentes lograrán un engagement con la marca que ningún otro tipo de campaña de mercadotecnia se le podrá acercar.

Es por esto que muchas grandes empresas le están apostando e invirtiendo a esto como nuevas formas de comunicarse con sus clientes. De igual forma, las compañías se han visto en la necesidad de profesionalizar sus departamentos de comunicación y de relaciones públicas pues las mejor preparadas en estas áreas serán las que entregarán mejores resultados. Ello, no sólo para ganar terreno y clientes, sino también para afrontar las crisis que experimentarán al principio y prepararse con el fin de luego salir triunfantes.

Hay marcas que han presenciado terribles campañas en su contra una vez que se introducen en estas herramientas tecnológicas, pero es gracias a ello como nos podemos ayudar a evitar los errores comunes de comenzar a integrarse a Facebook o Twitter. Y es que es muy posible empezar con el pie derecho, sólo hace falta encontrar la estrategia que más le conviene a la empresa.

Por hoy, es prioridad dejar en claro la importancia de la sola presencia en las redes de Internet, pero es verdad que hay mucho más por delante. En textos siguientes explicaré cómo detectar cuáles redes sociales son las ideales dependiendo el tipo de negocio, cómo dimensionar las expectativas de entrar en ese medio, y cuáles de esas tecnologías sólo consumirán tiempo y esfuerzo sin traer grandes resultados. Otro punto será el de cómo podremos trasladar las mejores prácticas de las grandes empresas hacia las asociaciones e incluso organizaciones políticas que pretenden posicionar a sus líderes.

Para ser escuchados: escuchemos.

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Me sorprende que haya muchos jóvenes que se incorporan a esta moda de condenar de forma tajante e intolerante, ahora a través de las redes sociales. Y no por el hecho de ejercer el derecho a la crítica, –lo cual es absolutamente válido-, sino porque en ocasiones considerables esas condenas no cuentan con un propósito real y concreto más que el de reprochar o replicar un mensaje que destruya. Peor aún cuando ni siquiera existe una intención propia.

Para abrir nuevos espacios y mejorar su rumbo, nuestro país necesita echar mano de las nuevas generaciones.  Jóvenes dispuestos y ciudadanos con compromiso para lanzar propuestas y proyectos que lleven a construir un mejor país. Eso necesitamos y no lo contrario.

Es conveniente también, que esta generación asumamos la responsabilidad que nos pertenece y que va muy ligada a la urgencia de hacer y representar la diferencia: saber escuchar.  Lastima ver cómo existen jóvenes que lejos de lograr todo esto, bloquean discursos o tapan sus oídos a informes y políticas públicas que pretenden multiplicar resultados. La crítica destructiva y el prejuicio sin propuesta sólo denigran la discusión y entorpecen la producción de obras que benefician a los gobernados. Sorprende ver a jóvenes enjuiciar a un pasado que no conocen y a todo tipo de autoridad a la cual no han mostrado el mínimo interés de acercársele con una idea. Resalta que, en lugar de sumar, personas de esta generación ejerzan de manera equívoca su derecho a la protesta porque no logran otra cosa que funcionar como repetidores de un mensaje que, no sólo no presenta propuestas, sino que aparte está manchado de intereses particulares de unos cuantos. Raro es que, a veces, o no lo notan o no lo quieren notar.

Las generaciones de hoy deben ser reconocidas por representar un cambio verdadero en las prácticas como ciudadanos. Los jóvenes de hoy debemos aprender a ser transparentes, a sumar esfuerzos y a proponer proyectos que unan a la gente con quienes guían al país. Escuchando y no bloqueando. Ninguna opinión merece ser callada. Mucho menos cuando podemos aprender mucho de ella. Antes de condenar, antes de juzgar y antes de servir a intereses particulares, es necesario escuchar para diferenciarnos de las prácticas represoras que no nos gustaron del pasado, en lugar de recurrir a ellas. Escuchar para, entonces sí, ejercer y hacer valer nuestra crítica, pero una crítica que sea inteligente y constructiva con la que podamos ganar el derecho y el prestigio suficiente para que ésta sea tomada en serio.

Para ser escuchados, escuchemos.

Frase de Steve Jobs en 1989

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You can’t just ask customers what they want and then try to give that to them. By the time you get it built, they’ll want something new.

-Steve Jobs, 1989